Dengue

Dengue

El dengue es una enfermedad infecciosa viral provocada por cuatro serotipos reconocidos y diferenciados de virus del mismo nombre y transmitido al humano por el mosquito Aedes aegypti. El ciclo de contagio siempre se da entre este vector y varias personas, pues el reservorio natural del virus dengue no es otro que el propio ser humano. De este modo, cuando una hembra adulta de Aedes aegypti pica a una persona infectada, el virus se desarrolla en su interior pasando a una persona sana a través de la saliva de la hembra Aedes cuando ella se alimenta de nuevo. Dado el carácter crepuscular del mosquito, es durante las horas del amanecer y atardecer cuando más se deben vigilar las picaduras de estos insectos. En lo que respecta a sus criaderos, hay que tener en cuenta que las aguas estancadas y sucias son el principal contexto de cría de huevos, por lo que evitarlas en último término constituye una importante fuente de prevención de la enfermedad. Asimismo, el empleo de insecticidas y repelentes pude asistir en labores de prevención, aunque la toxicidad de los mismos e incluso la ineficacia en algunas ocasiones no hace de ellos la medida ideal. Respecto al ciclo de contagio, se produce en ambientes urbanos y semiurbanos tropicales, donde el mosquito ha establecido su hábitat.

El tiempo aproximado y ponderado de la incubación del virus se ha fijado en alrededor de 7 días, sin embargo, depende en gran medida a la temperatura del lugar en el que se encuentre la persona, ya que varía mucho con el frío y el calor. Una vez desarrollada la enfermedad, la sintomatología oscila entre fuertes cefaleas, diarrea, vómitos, fiebres altas y dolor retro ocular, así como malestar general y dolor corporal. Lo más común es padecer la forma conocida como dengue clásico, que no es mortal y puede incluso resultar asintomático. No obstante, un pequeño porcentaje manifiesta la forma clínica conocida como dengue hemorrágico, el cual presenta altas tasas de mortalidad y está asociado con el número de serotipos de dengue que haya contraído una persona a lo largo de su vida.

En la actualidad, se calcula que en torno a 2.5 billones de personas en el mundo distribuidas en 100 países distintos están en riesgo de contraer dengue. Una dolencia endémica para Colombia, puesto que en los últimos años ha visto como el número de casos tanto de dengue clásico como de hemorrágico sufría un incremento verdaderamente alarmante con el consiguiente aumento de las tasas de mortalidad. Hasta tal punto ha empeorado la situación, que ahora mismo más del 90% del territorio colombiano por debajo de los 2.200 msnm se halla infestado de Aedes aegypti y, por tanto, en riesgo potencial de contagio. Entre las razones, la circulación simultánea de los cuatro serotipos del virus, el crecimiento poblacional sin precedentes unido a la descontrolada urbanización, las altas tasas de pobreza, las migraciones, el turismo y el cambio climático asociado al deficiente ordenamiento ambiental. Tal panorama ha llevado a las autoridades colombianas a considerar el dengue como un problema de salud pública de primer orden.

Ante la carencia de vacunas o medidas realmente contundentes para prevención, el PECET ha optado por unirse al programa internacional Eliminate Dengue, liderado por la Universidad de Monash, Australia. Este proyecto de control biológico consiste en la introducción de una bacteria llamada Wolbachia en el mosquito con el fin de frenar el crecimiento del virus en su interior y que así no pueda ser trasmitido por el Aedes aegypti a las personas que pica. Además de Australia y Colombia, países como Brasil, China, Indonesia, Vietnam y Singapur han asumido el desafío Eliminate Dengue.

Relativo al origen de esta afección, aunque no está claro, el primer reporte de la Historia podemos encontrarlo en la Enciclopedia Médica China, publicada en la dinastía Jin (265-420 dc). Además, sabemos que se expandió fuera del continente africano en los siglos XV y XVI con motivo del desarrollo del comercio ligado a la marina mercante y que su propagación a nivel global se produjo con el estallido de la II Guerra Mundial. La primera descripción considerada oficial de la enfermedad está atribuida a Benjamin Rush y dataría del siglo XVIII, pero no sería hasta principios del siglo XX cuando se constataría la transmisión del virus a través del Aedes aegypti.