Chagas

Chagas

La enfermedad de Chagas es una afección parasitaria transmitida al humano por la picadura de insectos pertenecientes a la subfamilia de los triatominos, la cual está conformada por más de 130 especies diferentes caracterizadas por ser hematófagas. Denominados comúnmente como chinches en Cebtroamérica, vinchucas desde Ecuador a la Patagonia, barbeiros en Brasil, chipos en Venezuela y pitos en Colombia, estos insectos son los causantes de las altas tasas de endemicidad de la enfermedad de Chagas en Centro y Suramérica. Suelen vivir en grietas de viviendas mal construidas y en las palmas, lo que nos conduce por un lado a la inevitable asociación de la dolencia con la pobreza y el olvido, y por otro al ciclo de trasmisión, fundamentalmente de carácter rural. Éste se desarrolla de la siguiente manera: los animales salvajes (muchos de ellos reconvertidos a domésticos) que actúan como reservorios naturales del parásito Trypanosoma cruzi, tales que armadillos y perros entre otros, son picados por el triatoma, que adquiere el parásito. Dado que dichos vectores poseen un carácter nocturno, es en estas horas que se dirigen a alimentarse de la sangre del ser humano por medio de sus partes expuestas dentro del domicilio. Una vez está saciado, el insecto defeca en el mismo lugar de la picadura y, de este modo, cuando la persona se rasca, abre una herida por la que entran las heces con el tripanosoma alojado en ellas.

En el avance de la enfermedad se pueden aislar dos fases principales; la aguda y la crónica, aunque no todos los infectados con Chagas desarrollan la segunda, sino que se estiman unas cifras de entre el 10 y el 30%. Existe también una fase intermedia asintomática que va desde el fin de la fase aguda hasta los primeros síntomas crónicos. La fase aguda, que se presenta como a los dos meses de la entrada de parásitos en el organismo, se caracteriza por una sintomatología confusa y por la alta parasitemia circulando en sangre. Un síntoma identificativo de esta fase, que solo desarrollan entre un 20-50% de los pacientes, es el signo de Romaña o hinchazón en el párpado. Otro síntoma característico de la afección es el Chagoma de inoculación, una mácula rosada en la piel no dolorosa. En cuanto a la fase crónica, puede darse desde los primeros indicios hasta años después, incluso décadas. En esta etapa los parásitos se alojan mayoritariamente en el corazón o colón provocando el deterioro de los órganos, lo cual se presenta mediate cardiopatías, megavísceras y también muerte súbita. Los cálculos hablan de alrededor de 43.000 muertes al año ligadas, sobre todo, a cardiopatías chagásicas.

En lo que a tratamiento se refiere, es determinante la detección temprana de la enfermedad, para la cual los medicamentos existentes son eficaces al 100% si se administran en la fase aguda. Por desgracia, a medida que pasa el tiempo, disminuye su eficacia y en la fase crónica no hacen sino aliviar la sintomatología. El problema son las manifestaciones confusas que se producen en la fase aguda y que dificultan enormemente la pronta detección.

De las entre 7 y 8 millones de personas que se calcula hay infectadas en todo el mundo, la mayoría de ellas pertenece a América Latina, pues en origen este mal se reducía al territorio de las Américas. De hecho, es el único que posee transmisión vectorial. No obstante, en la actualidad, se pueden encontrar casos de Chagas por otras vías de contagio en muchas partes del mundo, debido principalmente a la globalización y los movimientos migratorios. Los modos de transmisión no vectorial pasan por las transfusiones sanguíneas, donación de órganos, transmisión vertical (de madre a hijo a través de la placenta), accidental (en un laboratorio por ejemplo) y por ingesta de alimentos contaminados con las heces del triatoma. Si bien es cierto que esta última se presenta en lugares donde habita el vector. Así, se han recogido reportes de la dolencia en territorio europeo, EEUU, Canadá y el Pacífico Occidental.

La raiz de la enfermedad de Chagas podemos buscarla en las civilizaciones precolombinas, gracias en buena parte al hallazgo de momias con signos de la dolencia en el desierto chileno. Se les realizaron autopsias y, mediante la técnica del carbono 14, se consiguió fijar su existencia entre los años 470 ac y 600 dc. Pese a todo, no fue sino el médico brasileño Carlos Chagas quien en 1909 describió la enfermedad, realizando además, por primera vez en la Historia, una relación completa de patógeno, vector, reservorios, manifestaciones clínicas y epidemiología.

Como curiosidad, se han descubierto algunos documentos históricos que hacen vislumbrar la posibilidad de que Charles Darwin contrajera el mal de Chagas, visto que en sus diarios de viaje registra la picadura y descripción de un triatoma o "gran bicho negro de las pampas".